Un recorrido mágico por el Valle del Loira

Por: Olivier Martín
omartin@texmar.com

Al aterrizar en París empecé a sentir la emoción de emprender una nueva aventura, esta vez la ciudad luz era sólo el punto inicial de nuestro recorrido que nos llevaría al corazón de Francia.
Saliendo del aeropuerto abordamos el auto nuevo Peugeot que rentamos para emprender la odisea, ¡no hay nada como el olor de estrenar! Sabía que no iba a ser un viaje cualquiera, se trataba de una experiencia que nos llevaría a palpar una parte de la historia de la nación gala.

Después de un traslado de una hora en el que presenciamos un bello atardecer enmarcado por un cielo naranja, llegamos a nuestra primera escala, el Château d’Esclimont, un impresionante castillo renacentista convertido en hotel que parece sacado de algún cuento infantil, con fosa y algunos vestigios del antiguo puente levadizo. Por un momento imaginé a los caballeros que habían pasado por ahí acompañados de nobles y doncellas, era un verdadero viaje al pasado. De camino a mi habitación pude sentir los pisos crujir por los estrechos pasillos que retienen a la perfección la arquitectura de la época. Por la noche, la cena resultó toda una experiencia gastronómica, degustamos exclusivamente productos de la región y nos explicaron que es una manera de que los viajeros puedan conocer un poco más la cultura local.

Después de pasar una noche apacible nos levantamos para admirar una parte del parque de 60 hectáreas que rodea al castillo y que es considerado patrimonio de Francia, se puede recorrer ya sea en bici o a caballo y también en globo aerostático saboreando una riquísima comida gourmet acompañada de champagne.

Desde este punto nos trasladamos a la ciudad de Chartres para visitar su famosa catedral del siglo XIII, donde se encuentra el reloj más antiguo de Francia y la reliquia más preciada, el velo sagrado de la Virgen María. Esta catedral fue el principal centro de peregrinación de Francia hasta que la aparición de la Virgen en Lourdes la relegó al segundo lugar.

Al finalizar la visita, emprendimos camino hacia el Valle del Loira, llamado así por el río que lo atraviesa y apodado “El Jardín de Francia” por lo verde de su paisaje. Está situado en la región central del país, a tan sólo 2 horas en auto de París. Recordaré por siempre la bienvenida que nos dio el valle, pude percibir una exquisita mezcla de aromas y tonalidades mientras admiraba el más típico paisaje francés: viñedos por doquier, casas blancas y flores de todos los colores.

La belleza de esta región atrajo a varios reyes desde Carlos VII hasta Enrique III que la consideraban su lugar favorito de residencia y que se hospedaban frecuentemente en sus castillos. En la actualidad suman más de 800 si también tomamos en cuenta las mansiones de los nobles y podemos apreciar una gran variedad arquitectónica desde medieval, pasando por el renacimiento y hasta la época clásica.

Algunos de los castillos más reconocidos son Chambord, Amboise, Langeais, Cheverny, Azay-Le-Rideau, Chinon, Chenonceau y Ussé entre otros, se pueden visitar y permanecen decorados con muebles y tapicerías del periodo.

Además de sus castillos majestuosos, me sorprendió un tipo de arquitectura que no muchos saben que existe en este lugar y que ciertamente resulta contrastante. Me refiero a las construcciones trogloditas (dentro de cavernas) que se pueden apreciar esparcidas por todo el valle. El aspecto histórico de este tipo de edificación se remonta a la época en la que los antiguos habitantes sacaron las piedras de los acantilados para construir los pueblos y los castillos, dejando enormes cavernas que al pasar de los años fueron convirtiéndose en cavas, restaurantes, hoteles y hogares.

Hicimos una pequeña escala en el restaurante troglodita llamado “Les Caves de Marson” y pude vivir la experiencia de comer en un ambiente realmente único, que me hizo sentir en algún lejano lugar del mundo, de no ser por el idioma. Si bien sencillo, el menú estaba compuesto de una especialidad de la región, la “fouée”, que me recordó a una “gordita” pero hecha de pan al horno, hueco por dentro y que al abrirse, todavía humeante, se debe rellenar de “rillettes”, un paté de carne deshebrada que resultó ser un deleite al paladar, especialmente acompañado de una buena copa de vino de la casa.

Una visita al Valle del Loira no estaría completa sin una parada en el poblado de Amboise, donde Leonardo Da Vinci pasó sus últimos tres años de vida por invitación de su amigo, el Rey Francisco I. Desde la llegada la vista es imponente, el castillo sobresale por arriba de cualquier edificio y nos hace percatarnos de su estratégica posición justo al borde del río. Desde ese momento pude percibir la magia del legado del maestro pintor, diseñador y filósofo. Su última morada, “El Clos Lucé” contiene el jardín donde se paseaba y nos invita a jugar con las réplicas de sus inventos más descabellados que se exhiben a escala real. También se puede visitar su habitación donde aún se conservan algunos diseños originales así como su tumba, ubicada en la capilla Saint-Hubert, dentro del Castillo de Amboise.

Esa noche, y aún emocionados por redescubrir las grandiosas obras de Da Vinci, nos hospedamos en el Hotel “Le Choiseul”, un hermoso conjunto de residencias que se encuentra a los pies de las murallas del castillo y que tiene un magnífico jardín italiano, sinónimo de relajación total. El Hotel cuenta con grandes salones trogloditas en los que es posible organizar eventos tales como catas de vino o cenas de gala en un ambiente especial y diferente.

Por la mañana, con ganas de descubrir una página más de historia, nos trasladamos hacia el castillo de Ussé, que sirvió de inspiración a Charles Perrault para escribir la “Bella Durmiente” que posteriormente Disney honró con su famosa adaptación.

Continuamos la aventura y nos dirigimos hacia el emblemático castillo de “Azay-Le-Rideau”; construido entre 1518 y 1527, se alza majestuosamente sobre un espejo de agua y es un ejemplo del renacimiento francés. Tiene defensas medievales pero son sólo simbólicas y sirven para testificar el alto rango de los propietarios originales.

Ya entrada la tarde tuvimos tiempo libre para conocer “Tours”, ciudad que por su estratégica ubicación frecuentemente sirve como punto de partida para la visita de los numerosos castillos del valle. Mientras me paseaba por su mercado de antigüedades, la lluvia nos sorprendió por lo que me dispuse a disfrutar de una deliciosa cerveza de barril en uno de los cafés que rodean la “Place Plumereau” y admirar el desfile de gente, turistas y locales, que todos los días animan las calles.

Nuestra última noche en el magnífico “Val de Loire” transcurrió en el Hotel “Le Prieuré”, muy cerca de la ciudad de Saumur, que es conocida por sus cavas de vino espumoso y su espectáculo ecuestre de “Le Cadre Noir”. Esta antigua mansión benedictina domina el valle gracias a su extraordinaria vista panorámica sobre el río Loira. Durante la cena, que consistió en un delicioso magret de pato con fruta caramelizada, nos explicaron que por mucho tiempo las aves fueron consideradas la comida de la nobleza ya que volaban y estaban más cerca de Dios, dejando las verduras, los pescados y los animales terrestres para consumo del pueblo.
Sin duda, aquella época evocaba una magia especial…

Los Hoteles citados en el artículo forman parte de la cadena “Grandes Etapes Francaises” y el auto nuevo Peugeot fue conseguido a través del sistema Peugeot Open Europe. Para mayor información pueden contactar a su agencia de viajes o al representante en México Exmar Operadora www.texmar.com y www.eurorentacar.com

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