Los verdaderos valores
Por: Marina A. Pérez Martínez
mperez@sanroberto.edu.mx
Desde hace buen tiempo venimos disertando y preocupándonos por el tema de los valores, tal vez porque sabemos que son el fundamento de un ambiente de armonía y respeto.
En ocasiones cuando se habla mucho sobre algo pareciera que se alcanza cierto grado de maestría, e incluso al ser un tema tan cotidiano llega a parecernos bastante sencillo ponerlo en práctica. Sin embargo como en casi todas las cosas existe una brecha entre el discurso y la acción de aquello que deseamos transmitir.
Será necesario empezar por clarificar para nosotros mismos los valores que consideramos fundamentales para alcanzar un sano desarrollo emocional y tener las herramientas adecuadas para alcanzar una vida plena.
En esta primera tarea se invierte demasiado tiempo y en ocasiones se termina más confundido que al inicio por pretender incluir todos los valores que existen.
Una sugerencia pedagógica será hacer una lista de todo lo que deseamos transmitir a nuestros hijos, una especie de tormenta de ideas donde vaciemos todo aquello que queremos darles, como si se tratara de una especie de herencia moral.
Seguramente el resultado será una lista suficientemente larga, de manera que la segunda tarea será marcar en esta lista los valores más importantes para reducirla. Esta práctica puede llevar un par de intentos hasta lograr convertirla en una lista más funcional.
La gente sabia coincide en decir que es mejor elegir pocos valores pero que sean sustancialmente trascendentes y cada uno de nosotros define su propia trascendencia.
¿Cómo visualizamos a nuestros hijos en el futuro cuando sean hombres y mujeres que tengan una participación activa en la vida? ¿Qué tipo de padre o madre quisiéramos para nuestros nietos?
Podría parecer que se divaga y la tarea se transforma en algo intangible o romántico, sin embargo la educación de los valores realmente es un proyecto ambicioso, un trabajo cuyo resultado final llegaremos a ver consolidado varios años en el futuro y tendrá un impacto en varias generaciones. Es por esto tan importante elegir esos valores fundamentales que conformarán nuestra herencia moral.
La tercera tarea es aún más complicada porque implica un compromiso de vida y como tal un camino permanente.
Habremos de instalar en nosotros mismos los valores elegidos y convertirlos en un proyecto de vida, si ya son parte de nuestro cotidiano vivir la tarea será bastante sencilla porque los niños aprenden y reproducen lo que escuchan y ven.
Si los practicamos ocasionalmente habremos de empezar a vivirlos sistemáticamente, hasta convertirlos en un hábito automático.
Esta es una tarea que habremos de cuestionarnos seriamente si pretendemos llevarla a término, porque de lo contrario será mejor darle la vuelta a la página y ocuparnos de otra cosa.
Alguien alguna vez dijo que las cosas realmente importantes cuestan mucho: mucho tiempo, mucho esfuerzo, mucha paciencia y sobre todo mucha constancia.
Los verdaderos valores son aquellas características que nos definirán cuando hayamos dejado este mundo y la gente nos recuerde.
Pareciera entonces que el primer paso, antes de empezar a trabajar en la primera tarea, será sentarnos a reflexionar, a meditar objetivamente y sinceramente sobre los valores que estamos viviendo de forma personal.
Los verdaderos valores son aquellos que ponemos en práctica en cada una de nuestras elecciones sencillas y trascendentes.
Los verdaderos valores son aquellas características que nos definirán cuando hayamos dejado este mundo y la gente nos recuerde.
Los verdaderos valores los vamos tatuando en el corazón y en la mente de nuestros hijos desde el día en que nacieron y los van reafirmando mientras nos observan vivirlos día con día.



