Nigeria y la indignación ante la injusticia

Por: Dra. Iliana Rodríguez Santibáñez
ilrodrig@itesm.mx

 

El 14 de abril fue una fecha fatídica para el mundo: el secuestro de más de 200 niñas nigerianas expuso al mundo la incapacidad de un estado para combatir la violencia producto del terrorismo en su seno, así como la capacidad de estas fuerzas de confrontar a dicho estado.

El grupo islámico radical Boko Haram, opuesto a la impartición de educación de carácter occidental, está convencido del Corán llevado a la sharia, interpretando que las mujeres deben cumplir funciones propias del hogar y sean apartadas de cualquier función desarrollada a la luz de la educación. Rezar, no razonar.

En esos días se desarrollaría el Foro Mundial Económico en Nigeria, que expondría la dimensión del problema hasta acercarlo a la ayuda proveniente de la comunidad internacional pues anteriormente, al no ser una amenaza para la paz colectiva, podía intervenir únicamente a petición del estado afectado. Así nació la frase #BringBackOurGirls, difundida en redes sociales y ostentada por personajes públicos como la primera dama estadounidense Michelle Obama.

La problemática del secuestro arrojó un viejo problema que había sido culpablemente ignorado, pues Boko Haram es responsable de la muerte de miles de personas en Nigeria desde 2009. Incluso, durante 2011 y 2012, el país impuso el estado de excepción, donde se derogan circunstancialmente derechos fundamentales.

En mayo, se aprestaron fuerzas de inteligencia de Estados Unidos, Francia, China e Israel para dar con el paradero de estas menores. Por su parte, la ONU condenó los hechos pero no puede actuar en este problema debido a las limitaciones que la propia Carta de las Naciones Unidas le impone en relación a los conflictos en los que puede intervenir al pasar por alto la soberanía de los estados.

Los estados involucrados decidieron participar no sólo debido a la magnitud del problema, sino también a las ramificaciones de la red Al-Qaeda en el norte de África, donde desea instaurar un estado islámico fundamentalista.

 

Hasta la fecha, Jonathan Goodluck, presidente de Nigeria, rechazó mantener negociaciones con los secuestradores, quienes pedían intercambio de niñas por prisioneros de su propio grupo. En cambio, el plan propuesto por François Hollande, mandatario de Francia, reside en acordonar al país a través de las naciones limítrofes o fronterizas, con el fin de cercar al enemigo como primera estrategia e impedir sacar a las menores de Nigeria, lo que aumenta las posibilidades de rescate.

Aún no hay pistas contundentes de su paradero y la especulación sobre éste se limita a eso, especulación. La indignación ante la injusticia y la acción certera del estado ante la problemática siguen constituyendo la única esperanza.

La Dra. Iliana Rodríguez Santibáñez es Doctora en Derecho por la UNAM, Directora de Derecho y Estudios Jurídicos y Sociales del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México.

 

 

BCM, BCM 63, Especial, Finanzas, Negocios