Crecer por dentro: El ciclo de la vida

Por: Carlos A. Zertuche Zuani
carloszz54@hotmail.com

Dedico este artículo a Leandro Castillo Parada por su presencia y amistad.
De un tiempo para acá, me ha interesado la visión cíclica del cambio. Todo empezó cuando, leyendo sobre innovación y nuevas tecnologías, me topé con el reporte de una agencia de investigación y consultoría (Gartner Group) que se dedica a analizar la naturaleza cíclica (surgimiento, evolución y adopción) de las tecnologías emergentes (Hype cycles). Estos ciclos, también llamados de “sobre-expectación”, me hicieron pensar en que estos patrones (con algunas variantes) podríamos encontrarlos en la naturaleza y el comportamiento humano. En estos mares de mi conciencia navegaba cuando se reveló ante mí una verdad clara y absoluta: “La vida es un abrir y cerrar de círculos continuos”. Vivimos en un estado mágico de realidad cíclica: mágico por milagroso y sorprendente, real porque nos cambia y transforma, y cíclico porque, en un momento dado, volvemos al punto de partida. Te comparto algunas notas al vuelo, así como unas cuantas reflexiones sobre lo que pienso. Te invito a dar un paseo y a enriquecer las ideas.
Notas al vuelo
Lo único constante es el cambio. Lo que en la actualidad sucede es que el cambio no sólo es continuo, sino rápido y frenético. En particular, la revolución tecnológica de los últimos años ha provocado un giro radical en los usos y costumbres que regulan el comportamiento humano. No termina uno de adoptar una tendencia o de entenderla cuando de nuevo nos impacta la ola. Con esto, no me refiero necesariamente a la idea circular del “eterno retorno” donde simplemente las cosas se repiten, más bien acudo a la imagen metafórica de la “Odisea” donde las cosas no simplemente se repiten, sino que en la travesía se evoluciona, se aprende y se descubre. Ulises en su viaje emprende la máxima aventura que existe, la del autoconocimiento. La idea general que te quiero compartir es que si bien en un principio los acontecimientos vivenciales pueden parecernos desordenados y sin sentido, si nos retiramos un poco y observamos con otra perspectiva, emergen de la nada ondas, patrones o escalas que exponen el orden dentro del caos y, con suerte, encontramos un rayo luminoso que explicaría el comportamiento en forma matemática y precisa.
Algunos ejemplos: existen estaciones; los astros gravitan alrededor del universo; el girasol representa un heliotropo que sigue la luz de un sol tímido que aparece cada día y que siempre se oculta orgulloso; los ciclos biológicos que dan fertilidad a las especies nos brindan la posibilidad biológica de replicar la vida; nacemos, crecemos, nos desarrollamos y reproducimos para finalmente besar el polvo del que estamos hechos. Desde otro ángulo menos poético y filosófico, hay periodos económicos (Kondratieff wave) y sociales que marcan la historia.
Notas sobre mis notas
Como médico de profesión, me sorprende otro fenómeno que siempre ha estado presente. El corazón late y en su registro eléctrico observo los mismos ciclos. Una onda incipiente esboza la vida (onda P), viene después una línea de sintonía y pequeño desnivel (onda Q) antes del impulso, para inmediatamente aparecer la cúspide de expectación de vida (onda R), seguida de una caída estrepitosa que humaniza (onda S) y, finalmente, aparece una meseta y una loma de fuerza transcendente (onda T), que anuncia un nuevo latido y que la vida continúa.

Todo lo que nace muere y todo lo que crece cae. Este fenómeno sucede en toda la naturaleza y en todas sus escalas, incluso nuestra vida personal transcurre por un bosque impregnado de un realismo mágico de círculos continuos.
Lo interesante sería, de todos estos pensamientos hacernos las preguntas vitales: ¿en qué parte del círculo me encuentro hoy: persona, familia, oficio y sociedad?¿Cuánto de lo que he vivido, vivo y viviré es destino o decisión? ¿Será que lo que me sucede es determinado por fuerzas invisibles o el camino lo construyo a partir del ejercicio de mi libertad? Decisión o destino, una u otro, o ambos entremezclados en la sinfonía de la vida.
Cierre
Me quedo con la actitud contemplativa de sentir y saber que estoy vivo. Entiendo que la espera y la observación no obligan necesariamente a ser pasivo. Invoco al ocio creativo, el pensamiento y el sentimiento aristotélico de armonizar, en la medida de la capacidad y circunstancia, el punto de equilibrio. Ocio para encontrar el espacio de reflexión sobre la vida y creatividad para construir a partir de la esencia el castillo donde el bien, la verdad, la justicia y la belleza sean las columnas que marquen el destino.

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