LA LEY DE MURPHY

Si algo puede salir mal, saldrá mal (y en el peor momento posible).

Ley de Murphy

 

La primera vez que leí acerca de la “Ley de Murphy”, fue en una revista mensual que llegaba a mi casa por suscripción. Tendría alrededor de ocho años y, en ese momento, no imaginaba cómo una frase creada por un experto en cohetes (de los que viajan a la Luna), sería profética para mis amigos y para mí.

 

Diez años después…

 

Recuerdo que era un viernes por la tarde y la Facultad donde estudiábamos Chuy, Toño y yo estaba desierta. Ahí nos encontramos con Wesley, quien era el cuarto mosquetero del grupo (por cierto, cambié algunos nombres para proteger a los inocentes).

 

Ese día no había nadie en el campus, porque todos estaban en Rectoría, disfrutando un concierto gratuito al que nosotros no asistimos.

 

Por ese entonces, Wesley tenía semanas tratando de conquistar a Regina. Deseaba ser su novio, pero ella le dio como respuesta una de esas frases de rechazo muy peculiares: “No quiero una relación en este momento, acabo de terminar con alguien que me rompió el corazón y no quiero sufrir más” (¿Así o más melodramática?).

 

Lamentablemente, él estaba muy enamorado de ella, por lo que insistía con su cortejo todos los días. Nosotros tres sabíamos que Regina tarde o temprano le diría que sí. Era evidente. Pero mientras eso sucedía, disfrutábamos torturando a Wesley diciéndole que ya la dejara, que no le convenía y que había muchas otras que no eran tan drama queen como ella.

 

Esa tarde, seguimos vagando por los pasillos vacíos hasta llegar a un aula que reconocimos de inmediato. “¡Mira, el salón de Jessica!”, dijo Toño.

 

Jessica era una guapa estudiante de primer ingreso, pelirroja, de ojos azules y nariz respingada, pero bastante “aniñada” para nosotros, que éramos de cursos superiores.

 

Enseguida dije: “¿Qué tal si le dejamos a Jessica un mensaje en el pizarrón y lo firmamos por Wesley? ¡Seguro con ella sí tiene suerte!” Wesley nos miró con cara de horror y protestó: “¡No hagan eso!” Pero Chuy, el más tranquilo del grupo, lo calmó: “Ese mensaje no va durar. Mira, siguen los del turno de noche, luego el lunes hay clases por la mañana y Jessica viene hasta la tarde. ¡Déjalos que hagan lo que quieran! Ella nunca lo verá, seguro borrarán el pizarrón antes”.

 

Toño, que siempre iba preparado para todo, sacó de inmediato un marcador de su mochila y me lo pasó (en serio, Toño era capaz de sacar un conejo de su mochila si lo necesitabas en ese momento).

 

Y justo aquí apareció la “Ley de Murphy” (todo lo que podía salir mal sucedió, y en el peor momento). Esa noche, los del nocturno se fueron de pinta y en el grupo del lunes, por alguna causa, no borraron el pizarrón. Así que lo primero que vio Jessica por la tarde, al entrar, fue…

 

Jessica, creo que me enamoré de tu sonrisa…

Wesley D.S.

 

“¿Quién es ese Wesley?”, preguntó Jessica en voz alta. “Creo que es el chavo ‘gringo’ del club de teatro, güerito, alto y de ojos verdes; uno que se parece a Leonardo DiCaprio”, le contestaron. Jessica sonrió interesada y preguntó si sabían de alguien que lo conociera mejor. Pensaba indagar más sobre él.

 

Y ¿adivina qué? De entre cientos de estudiantes de esa Facultad, el único nombre que obtuvo como respuesta fue: “¡Regina! Ella lo conoce, pregúntale”.

 

Cuando Jessica se entrevistó con Regina, esta última no podía creerlo. ¿¡Cómo era posible que aquel pretendiente tan insistente, al que estaba por aceptar, se ponía a escribirle “mensajitos” a otra!? ¡La que se le iba a armar cuando lo viera!

 

Puedo decir a nuestro favor que nunca pensamos que ese mensaje duraría tanto tiempo o que jamás imaginamos que ambas chicas podrían llegar a conocerse. Pero la verdad es que nuestro gran amigo se enfadó tanto que dejó de hablarnos por semanas después de que fue rechazado, para siempre, por Regina (creo que le molestaron nuestras carcajadas, cuando nos reclamó por esa asombrosa coincidencia y su desastroso final).

 

Hoy seguimos siendo grandes amigos, pero aún recordamos esa extraña ocasión en que la “Ley de Murphy” por poco echa a perder esa gran amistad.

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