¿Desarrollo Económico Sin Empleo Digno?

De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se considera trabajo decente aquel que significa “acceder a un salario que permita a los trabajadores tener una vida digna, igualdad de oportunidades para desarrollarse en el trabajo sin discriminación, contar con condiciones laborales adecuadas y seguras, que se permita la existencia de los sindicatos, libertad de opinión en los asuntos laborales y que el Estado cree una red de seguridad social para los enfermos, los débiles, los ancianos y las mujeres embarazadas”.

¿Dónde han quedado, pues, las oportunidades laborales que dignifiquen desde el trabajo la condición humana de nuestra sociedad?

Analizando las cifras oficiales del desempeño económico, se interpreta que las tasas de crecimiento económico de nuestro país en los últimos años no han permitido crear los empleos de calidad que éste requiere. Así, las condiciones del mercado laboral se han deteriorado constantemente, afectando los niveles de bienestar de la población. Durante el primer trimestre de 2015, el Producto Interno Bruto (PIB) de nuestro país aumentó 2.5% a tasa anualizada: las actividades primarias exhibieron el mayor crecimiento (6.8%), seguidas por las actividades terciarias (2.9%) y las secundarias (1.4%). Si bien el crecimiento del PIB es superior al obtenido en el mismo periodo del año pasado (2.0%), la recuperación de la economía todavía no es suficiente para alcanzar los niveles de crecimiento esperados. Recientemente, el Banco de México realizó una corrección a la baja en sus estimaciones del crecimiento del PIB para 2015 (de un rango entre 2.5 a 3.5%, pasó a uno de entre 2.0 y 3.0%).

Si bien la economía está creciendo a un ritmo moderado, la tasa de desocupación continúa disminuyendo. De acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), durante el primer trimestre del año en curso, la tasa de desocupación fue de 4.2%, cifra inferior al 4.8% alcanzado en el mismo periodo de 2014. Sin embargo, es importante mencionar que la tasa de desocupación como tal no es un indicador directo del bienestar de la población, sino que más bien muestra un desequilibrio existente en el mercado laboral. En este sentido, se podría dar la situación en la que todos los habitantes del País en edad de trabajar contaran con un empleo; no obstante, éste podría no satisfacer al trabajador, que resultaría mal remunerado y poco productivo, de tal manera que no se presente una mejora en el bienestar de la población.

Al analizar las condiciones de trabajo del mercado mexicano durante el primer trimestre del año con respecto al mismo periodo de 2014, se observa que éstas continúan deteriorándose. En cuanto al nivel de ingresos, se aprecia que las remuneraciones para los trabajadores van a la baja. Si bien el número de personas que perciben más de cinco salarios mínimos al día aumentó en 6 mil 879 trabajadores, esto contrasta con el incremento de 863 mil 737 personas que ganan hasta dos salarios mínimos. En lo que respecta a las prestaciones, más de 31 millones de trabajadores no cuentan con acceso a una institución de salud, comparados con los cerca de 18 millones que sí pueden acceder a ellas. Adicionalmente, el número de personas que no cuentan con un contrato de trabajo escrito (15 millones 688 mil 409 individuos) ya rebasó a aquellos que poseen un contrato de base, planta o tiempo indefinido (14 millones 509 mil 734 trabajadores).

Por otro lado, la ocupación en el sector informal continúa siendo un factor preocupante. El número de personas que se encuentra bajo esta condición asciende a 28 millones 694 mil 655 individuos, cifra que representa el 57.6% de la población ocupada. De esta forma, dicho sector de la población carece de seguridad social y otras prestaciones mínimas de ley, lo cual lo vuelve vulnerable a cualquier inconveniente serio en su estado de salud, así como a vivir la vejez sin acceso a una pensión.

Sigue siendo necesaria una adecuada implementación de las reformas estructurales, en especial la energética y la de telecomunicaciones, para lograr los niveles de inversión extranjera directa estimados y que dichos recursos puedan traducirse en mejores empleos para la población, condición indispensable para reactivar el mercado interno.

Si la economía nacional continúa creciendo a un ritmo moderado, resultará complicado que puedan generarse empleos de calidad, pero mientras la población no tenga un nivel de remuneración adecuado, difícilmente se podrán alcanzar niveles de crecimiento más elevados. Para romper con este círculo vicioso, debe incrementarse la productividad laboral reduciendo los niveles de informalidad a través de inversiones que se traduzcan en empleos de calidad que brinden remuneraciones adecuadas a los trabajadores, condición fundamental para lograr tasas de crecimiento superiores.

La Dra. María F. Fonseca Paredes es directora de la Escuela de Negocios y del CIEN del Instituto Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.

María F. Fonseca Paredes

maria.fonseca@itesm.mx

 

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