¡Quiero ver!

Todas nuestras experiencias llevan una envoltura que les hemos impuesto debido a un entendimiento muy particular de lo que nos sucedió durante la vida. Esta envoltura protectora la creamos debido a las heridas que sufrimos durante la niñez y distintos aprendizajes provenientes del ambiente en el que crecimos y que poco a poco fuimos transformando a través de un filtro o del lente de nuestra biografía de vida. De esta manera, nos acostumbramos a disfrazar lo que vemos y experimentamos bajo nuestro propio modelo, como si nuestra tarea fuera disfrazar cada situación o persona con el traje que nos plazca.

Esto quiere decir que todo en lo que vemos, sentimos, deseamos o pensamos, lo envolvemos de un significado personal y le imprimimos el sello de nuestra propia experiencia. Es una cosa que hacemos todos y, así, cada quien va tejiendo su propia historia de vida. Muchas veces, estas historias no coinciden entre una persona y otra, así sean hermanos. Cada individuo vive de diferente manera un mismo acontecimiento.

El punto medular es darnos cuenta de que nos hemos pasado el tiempo fabricando una fantasía alrededor de lo que sucede en nuestra propia vida y ésta muy probablemente no corresponde a los hechos concretos, ni a la realidad, sino a nuestra forma particular de percibirlos y, después, de envolverlos.

Es importante reflexionar sobre la idea de que existe una distorsión en la manera en que vemos nuestra percepción, provocando una confusión en lo que suponemos que nos pasa y en lo que vemos acerca de las demás personas. Creamos infinidad de fantasías, discursos internos e ilusiones, que intentan manipular una realidad distinta a la que es. Estas fantasías son alteraciones que hicimos para controlar y tratar de entender lo que nos resultaba amenazante o doloroso, como cuando nos sentimos heridos, menospreciados o poco valorados ante alguna situación e inmediatamente buscamos una justificación a lo que nuestra mente y nuestro ego nos dicten.

La invitación en este artículo obedece a un profundo deseo de ver sin engañarnos, sin falsas ideas o justificaciones que no nos ayudan a responsabilizarnos de lo que hacemos ni a afrontar el dolor. Es una llamada a no escuchar las voces de nuestros miedos, nuestro ego o nuestras vanidades ocultas. Es una propuesta para aprender a relacionarnos de una manera distinta, ser sólo testigos y observadores de lo que sucede, sin tomarnos nada personal. Dejar de etiquetar a las personas y los hechos. Es una forma de observar lo que sucede, no ponerle calificativos y decirnos “Esto no significa nada para mí”. 

 Lo que alguien haga o diga seguramente cambiará en otro momento, por lo que no es permanente ni verdadero. Todo cambia, es la ley de la vida. Se trata de ir eliminando los velos del miedo, de la inseguridad, de los celos, de la envidia, del control, y permitirnos una visión más compasiva y amorosa hacia nosotros y los demás. Proponernos empezar a ver con ojos nuevos, a quitarle la envoltura a las cosas, distinguir con mayor claridad.

Cada vez que tengamos una percepción clara sin aplicar los filtros personales o envolturas, nos estaremos acercándonos a nuestra propia sabiduría. El ego no debe ser nuestro maestro, él no sabe lo que nos enseña, ni lo que nos conviene, sólo tratará de amenazarnos y confundirnos más. No comprendemos que lo que hagan los demás no debería perturbarnos tanto y que no debemos darle un significado personal. Negarnos esta oportunidad implica una fuerte negación de nuestro poder interior. Confiar en esta poderosa visión nos permitirá transformar y promover estados superiores de conciencia.

La tarea es liberarnos de toda percepción automática que ponga calificativos a las situaciones y soltarla una y otra vez, hasta que comprendamos la mentira que existe en ella para evitar que salga nuestro equivocado defensor (ego) y la llene de significados irreales.

Se trata de pasar de un estado de vigilancia o reacción inmediata a un estado de conciencia y plenitud donde seamos dueños absolutos de nuestra vida y no dar rienda suelta a una emocionalidad negativa aconsejada por un ego inmaduro. Nuestra experiencia no es lo que nos ocurre, es lo que hacemos con lo que nos ocurre.

BCM, cultura, Especial