El reto de la educación: formar a profesionistas

Una de las principales fuentes de felicidad o bienestar en la vida es el trabajo. Desempeñarnos en un empleo que nos llene de satisfacción implica una serie de factores encadenados, entre ellos nuestra formación escolar. Cuando estamos en el proceso de elección de carrera, también enfrentamos la crisis de la adolescencia. Se trata de una complicada combinación de factores: definir quién eres y qué rumbo quieres que tome tu vida. Si bien una carrera no garantiza una trayectoria laboral, pocos son los que tienen realmente la posibilidad de elegir su futuro sin excesivas restricciones económicas, es decir, que pueden obtener un título universitario que será la base de su carrera laboral.

En el espacio del Fórum Europeo de Orientación Académica, la presidenta Lucía Berta afirmaba que: “Llegar a ser a un profesional es ‘confesarse’ a través de su propio trabajo, convirtiendo el saber en saber hacer, para saber ser, demostrando quién es uno mismo, con su propia individualidad y originalidad irrepetible”. La institución educativa se encarga en su mayoría de brindar soporte en el conocimiento de una profesión, en otras palabras, el saber que convertirá en hacer. Podría ocuparse en el mismo sentido del descubrimiento de uno mismo, para lograr ser protagonista consciente de esta “confesión”.

Por otro lado, una investigación de Andreas Hirschi, de la Universidad de Pennsylvania, concluyó que el desarrollo positivo de la juventud repercute directamente en el ámbito de la carrera, en la satisfacción con la vida y la sensación de poder, que nos puede brindar confianza para desempeñarnos en la profesión.

Si trabajaremos en promedio 45 años de nuestra vida, es probablemente la juventud temprana el momento indicado para formar a un hombre consciente de sus decisiones y que se hará responsable de sí mismo. Ya sea que decidamos contratarnos en una empresa o iniciar una propia, a la larga, un profesionista frustrado o insatisfecho con su actividad laboral no será capaz de explotar su potencial, le resultará difícil comprometerse, se estresará y dañará su salud. Un hombre que se construye a sí mismo con su trabajo será un hombre más eficiente, saludable y feliz.

Asimismo, hay que tomar en cuenta las proyecciones que viven los jóvenes hoy en día: el modelo de vida en el cual predominaba el deseo de graduarse, tener un trabajo estable y formar una familia es ahora sólo una posibilidad. En algunos casos, antes del matrimonio están presentes los viajes, las empresas, los proyectos creativos, la independencia económica y, en otros tantos, no hay deseo de formar una familia. Incluso existe la posibilidad de no querer concluir carrera profesional por decisión personal y comenzar a desempeñarse en una actividad profesional.

Ya sea brindando apoyo individual o grupal, con programas integrados al currículo o complementarios, la enseñanza enfrenta entonces el desafío de formar a la juventud para que sea capaz de construir un plan de carrera en la vida. Es tarea de la educación tener en cuenta los diversos elementos del hombre que se realiza y que, a su vez, impactará una futura sociedad en su contexto laboral. Al diseñar, producir o comercializar productos o servicios, nosotros, a través de nuestra profesiones, damos vida a la cultura y la comunidad en las cuales nos desarrollamos.

Formar a personas que decidirán o no ser profesionistas y estarán al frente del desarrollo del País, que dictarán el estilo de vida y las tendencias de las profesiones del futuro, hombres felices que, al realizarse, contribuyen verdaderamente con su comunidad, ése es uno de los principales retos de la educación.

La Mtra. Nayeli Rodríguez Esquivel es Directora Académica de Desarrollo de la Preparatoria Esmeralda del Instituto Tecnológico de Monterrey, Campus Estado de México.

Nayeli Rodríguez Esquivel

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