El dilema de Medio Oriente y el Estado Islámico

Sin analizar la historia de por sí compleja, es difícil entender las fuerzas opositoras dentro del propio Islam, que dan lugar a las profundas diferencias que hoy trascienden a Medio Oriente y llevan la yihad a otras latitudes.

El Islam tiene dos fuentes de las que derivan su doctrina y legislación. En primer lugar el Corán, considerado como la palabra revelada de Dios; en segundo lugar la Sunna, es decir, el ejemplo dado por Mahoma a través de sus actitudes, sus acciones y sus palabras.

El chiísmo es una de las corrientes internas del Islam que, por ser minoritaria, ha sido marginada y goza de especial influencia entre las clases populares. El chiísmo tiene su origen en la lucha por la sucesión de Mahoma. En principio fue sólo un pequeño grupo de amigos y partidarios de Alí, primo y yerno del profeta Mahoma, que, a la muerte del profeta, se opuso a la sucesión pretendida por la aristocracia mercantil de La Meca. Alí consiguió erigirse en califa sólo cinco años y murió asesinado. Sus hijos Hasan y Husein también murieron en forma violenta.

Con la extinción de esta familia, el poder quedó en manos de las dinastías sunitas; los chiítas pasaron a la oposición y fueron víctimas de reiteradas persecuciones. Por esa razón viven dentro de los límites de sus comunidades.

¿Qué es el Estado Islámico de Iraq y Siria (ISIS)?
Este grupo yihadista sunita se creó en 2013 como una escisión de Al Qaeda en Iraq, estableciendo un califato, que es una forma de Estado pannacional (es decir, con presencia en varios países), dirigido por un líder político y religioso de acuerdo con la ley islámica, o sharia.

Por ahora controla un territorio entre los estados de Siria e Iraq (de aquí el nombre), pero su intención es recibir el apoyo completo del mundo musulmán.

ISIS se ha convertido en el grupo terrorista con más capacidad económica y seguidores yihadistas, llevando al mundo a una nueva e incómoda realidad. Su estrategia busca que el éxito en los ataques en París, los atentados suicidas en Líbano o la explosión del avión ruso sobre Egipto inspiren a los musulmanes radicales que están tratando de reclutar. Al mismo tiempo, buscan convencer a los radicales de que el mundo les desprecia a ellos y a su religión.

El impacto en los refugiados
Uno de los daños colaterales de esta nueva guerra es la oportunidad de encontrar refugio para quienes huyen de la persecución en Siria e Iraq o de la miseria en países del norte de África.

La coalición formada por Angela Merkel para que Europa enfrente el dilema de los refugiados requiere del reforzamiento en el control del flujo de personas:

Polonia ha manifestado su inquietud por el peligro de recibirlos.
El poner una muralla a los musulmanes en Europa confirmaría el argumento de ISIS de que el mundo occidental los desprecia, exacerbando el potencial de más ataques.
Para el electorado, el terrorismo islámico y la migración de gran escala son temas integrados.
El rechazo a los refugiados tiene serias implicaciones prácticas y morales.
El riesgo de infiltrados radicales está latente, pero al menos cinco de los terroristas de París eran ciudadanos europeos, no refugiados.
Alguien dispuesto a inmolarse en un ataque terrorista tiene la posibilidad de pagar a redes de traficantes de personas para infiltrarse en otro país.
Aunque Estados Unidos tiene un riguroso sistema para revisar los antecedentes de los refugiados, más de dos docenas de gobernadores han solicitado suspender el proceso de aceptación de 10 mil refugiados sirios.
La lucha contra ISIS
Además de asegurar las fronteras y mejorar la detección de terroristas, el mundo necesita combatir al Estado Islámico en su territorio en Iraq y Siria. Como último recurso, las iniciativas consideran el despliegue de tropas occidentales en tierra, aunque hay quienes argumentan que una ofensiva militar no defenderá los valores occidentales ni la seguridad.

A menos de que haya claridad en el beneficio de una acción militar, las muertes son difícilmente justificables, pues la violencia yihadista se exacerbaría, con el consiguiente peligro para las sociedades occidentales, tal como lo muestra la experiencia de las guerras en Afganistán e Iraq.

Algunas conclusiones
La fuerza militar no es suficiente en sí: puede darle seguridad al resto del mundo a corto plazo, pero el terrorismo islámico sólo terminará cuando haya paz en Medio Oriente. ISIS seguirá existiendo mientras Medio Oriente es consumido por la disputa ideológica entre sunitas y chiítas.

En paralelo, los poderes regionales deben detener sus conflictos, mientras la reconstrucción de los Estados en Siria e Iraq permita que los sunitas, chiítas, alauitas y kurdos puedan estar representados adecuadamente en el gobierno.

Esto requerirá el fortalecimiento de la administración en Bagdad y el fin de la guerra civil en Siria, un desafío que requiere de un profundo esfuerzo diplomático entre Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, Irán y China.

Luis García Peña
lgarcia@lwc.com.mx

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