¿Ceder o intentarlo?

María Salazar
malaurasalazar@me.com
Soy madre de un hijo con TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad) y me he dedicado muchos años a aprender qué genera este problema.

Hoy nos vemos en la situación de sacar adelante a niños que tienen mucha dificultad para concentrarse, que no pueden estar tranquilos en un lugar por mucho tiempo y a los que les cuesta sacar adelante el año escolar sin entender bien por qué.

Como padres, nos hacemos la misma pregunta: ¿Qué está pasando? Y recordamos con cierta nostalgia que en nuestra época nada de esto existía: siempre hubo el típico niño inquieto pero sus travesuras ayudaban a quitarle un poco de tedio a la clase. Hoy los salones están llenos de niños “problema”.


En estos casos, los padres nos sentimos muy frustrados por no saber cómo educarlos: es un problema que nos rebasa y, finalmente, muchos cedemos a la industria médica y farmacéutica en busca de una solución. En muchas ocasiones, el Dr. no sabe cuál es el mejor tratamiento y/o la dosis correcta, así que va haciendo ajustes mientras nuestro hijo crece pad
eciendo sus efectos.

Recuerdo con dolor las veces en que mi hijo estaba ingobernable: le daba el medicamento y enseguida estaba completamente tranquilo, medio ausente y con sueño. Yo quería pensar que estaba bien porque era la solución que el Dr. me había dado, pero mi intuición me decía lo contrario.

Sin embargo, de la otra forma no podía sacarlo adelante: no había escuela que lo aceptara o estaba un par de meses y luego lo expulsaban. Ésa fue también una de las razones que el neurólogo nos dio para convencernos de medicarlo. Decía que, cada vez que el niño era expulsado de un colegio, acumulaba una huella de rechazo y que eso era mucho peor que medicarlo.

Esto empezó cuando tenía cinco años. Hoy, quince años después y con un largo recorrido en el mundo de los fármacos, queremos hacer conciencia sobre la enorme importancia que tiene la alimentación sobre estos padecimientos.

Es increíble el cambio que se produce cuando empezamos a comer de forma más natural, local y de estación, evitando alimentos empaquetados, enlatados, con conservadores, aditivos, colorantes y azúcar. Ya es hora de tomar el control sobre nuestra energía y nuestro cuerpo.

 

 

¿QUÉ ES EL RITALIN?

El Ritalin es el nombre comercial del metilfenidato, clasificado por la Administración de Control de Drogas de los EE.UU. como un narcótico de Clase II: la misma que poseen la cocaína, la morfina y las anfetaminas.


Aunque el Ritalin se prescribe con receta, puede tener graves efectos secundarios incluyendo nerviosismo, insomnio, anorexia, pérdida del apetito, cambios en el pulso, problemas de corazón, pérdida de peso y dependencia. En junio de 2005, la Administración de Alimentos y Drogas de los EE.UU. advirtió que el Ritalin puede causar alucinaciones visuales, pensamientos suicidas y comportamiento psicótico o agresivo.


Un escritor lo expresó así: “Nunca se les dice a los padres: ‘Ah, por cierto, de vez en cuando muere algún niño simplemente por tomar este medicamento’; ‘los niños que toman estimulantes tienen el doble de probabilidades de consumir drogas’; o ‘un tercio de los niños que lo toma desarrolla síntomas de comportamiento obsesivo compulsivo en el primer año’”.


Es el momento de preguntarnos qué queremos para nuestros hijos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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